Creado en 13 Junio 2015




El uso de drones (vehículos aéreos no tripulados) en la agricultura es una práctica cada vez más común, y es que los buenos resultados en términos de eficiencia son confirmados por los agricultores e investigadores.  

"La revolución de la agricultura de los drones está en ciernes".

No obstante, hay otros usos más llamativos, bien porque son apuesta de las grandes marcas o porque sus aplicaciones parecen sernos de aplicación 'más directa'...como cuando Amazon revela su programa para el envío de paquetes a través de estos dispositivos o la policía de Reino Unido obtiene luz verde para emplearlos como sistemas de vigilancia. Sin embargo, los beneficios de su aplicación en el sector agrícola podrían ser enormes, y es que el uso y mejora de esta tecnología tiene el futuro asegurado. Más incluso, tiene un presente, pues en algunos países ya hace tiempo que operan en los campos.

Se reconoce su ayuda para la maximización de rendimientos, ya que a diferencia del agricultor que debe desplazarse por el campo, buscando “a ojo” las deficiencias que puedan existir en el cultivo, el dron vuela sobre el campo y logra recabar información sobre el estado de los cultivos, con mayor precisión, gracias a la captura aérea de fotografías termales y multiespectrales, además de cámaras time-lapse para el seguimiento del fruto y su fenología, y detectores espectrales para la determinación de parámetros químicos.

Con la llegada de tecnologías como los satélites al mundo en los años 70, se revolucionó la forma de obtener imágenes de territorios, las cuales son capturadas, procesadas ​​y llevadas a los mapas digitales donde se analizan por ejemplo los índices de vegetación, permitiendo un método sencillo de observar los problemas del cultivo. Este tipo de sensores remotos son utilizados por muchas naciones para medir la productividad de la agricultura, la susceptibilidad a la sequía, la caracterización de la tierra y para la evaluación de la biomasa.


Actualmente, otro tipo de sensores remotos son los aviones no tripulados (UAV, VANTS o drones), los cuales capturan imágenes de muy alta resolución y que proporcionan en tiempo real y de forma precisa, la información de los campos de cultivos. Estos datos son necesarios por los administradores de las plantaciones para conocer sobre la evolución, aumento o disminución de plagas de las plantas, malas hierbas, enfermedades, riego, nutrición y vigor.  

La identificación temprana de estas condiciones permite tomar decisiones de gestión de forma  crítica, rápida y proactiva para evitar la pérdida de cosechas.


Esto, indicó el ingeniero agrónomo y director del programa nacional de agricultura de precisión del INIA, Stanley Best, permite remediar los problemas con eficacia, en las zonas exactas en que se requiere y a menor costo. “Cuando entro al huerto y veo que tengo plantas secas, es un síntoma de falta de riego, pero que se puede detectar mucho antes a través de la fotografía multiespectral, lo mismo que problemas de nutrición y otros. Eso me permite responder antes de que el problema avance y se vuelva incontrolable, y en las zonas que realmente lo necesiten, lo que además, significa que podemos hacer la remediación a menor costo y con menos insumos, lo que implica una agricultura más sustentable”, expresó.

Según Best, “el productor necesita tener información certera para tomar medidas, y hoy, la tecnología nos permite decirle al productor qué tiene que hacer y cómo, de manera eficiente”.

S. Best explica además la importancia de conocer la potencialidad de estas nuevas tecnologías, ya que tienen útiles resultados en las prácticas agronómicas muy variados: “podemos ir mejorando la eficiencia del campo en distintas etapas de manejo, como la fertilización y la aplicación de agroquímicos, incluso, de la cosecha, por ejemplo, conociendo a través de los polifenoles los cuarteles en que la fruta es de mejor calidad o está en grado de madurez, lo que me permirtiría saber dónde cosecho manual o dónde en forma mecanizada"... incluidas otras llamativas como el esparcimiento de ácaros beneficiosos para combatir plagas de forma natural, recurriendo al control biológico.



Las posibilidades de uso parecen ser infinitas, y es por ello que en IDEAGRO estamos ampliamente interesados en conocer sus usos, posibilidades y evolución, pues pensamos serán pieza clave en la agricultura a no mucho tardar...

Además de en EE UU, ya se están empleando entre otros en países como Japón, España y Brasil. Por ejemplo, según recientes estudios de la Asociación para el Sistema Internacional de Aparatos No Tripulados (AUVSI), “la repercusión económica de la aplicación de los drones en la agricultura de EE UU en el 2015 sería de +2.000 millones de dólares, además de la creación de +20.000 puestos de trabajo”.




¿Cómo 'trabajan' los drones? ¿Qué nos pueden aportar?

Un solo dron puede monitorizar cientos de hectáreas de forma precisa, evaluando las condiciones del terreno, con el fin de recoger información sobre la hidratación, la temperatura o el ritmo de crecimiento de los cultivos. Una de las funciones más importantes que se atribuyen a estos dispositivos es la localización prematura de enfermedades. De esta forma se pueden evitar plagas que arruinen parte de la cosecha.

Toda esta información proporciona un ahorro de costes significativo para los agricultores. Evitar las plagas también contribuye a reducir la cantidad de productos químicos que se emplean en los cultivos. No solo las cosechas crecen de forma menos artificial sino que no es necesario comprar tantos herbicidas y pesticidas como hasta ahora. Cuando haya que utilizarlos, los propios drones los pueden arrojar, al igual que los fertilizantes.

Los dispositivos pueden controlar cómo funciona el riego y también sirven de improvisados espantapájaros, al mantener alejadas a las aves. Son capaces de enviar fotografías e incluso vídeo en tiempo real a un centro donde se observe el estado de los cultivos. Este tipo de operaciones ya se han puesto en práctica en algunos lugares. Uno de los países más avanzados es Japón.

En el país del Sol Naciente un modelo de dron, el Yamaha RMAX, lleva trabajando en los campos desde dos décadas atrás, ocupándose de lanzar pesticidas y fertilizantes. Su historia viene de antiguo. En 1983, el Ministerio de Agricultura de Japón se preocupaba por el envejecimiento de la población rural. Para paliar este problema se propuso modernizar el campo como una vía para atraer gente joven.

Se le pidió a Yamaha que empezara a desarrollar un vehículo no tripulado para ayudar en las tareas del campo y en los años 90 se introdujeron las primeras unidades. A estas alturas un 40% de los arrozales japoneses cuentan con un dron sobrevolándolos. La tecnología se ha exportado a Corea del Sur y recientemente a Australia, una tierra donde abundan las grandes plantaciones. La compañía japonesa Yamaha espera poder entrar en el mercado de los drones de Estados Unidos en 2015, orientando su producto a cultivos como uvas, pistachos o almendras, aparte de arroz.

¿Cuáles son los últimos avances en el uso de drones?

Las universidades también han reparado en la potencialidad de estos aparatos y están llevando a cabo investigaciones en el terreno práctico. La Universidad de California está probando la capacidad de pequeños helicópteros no tripulados capaces de tratar viñedos en terrenos poco accesibles. Y en la Universidad de Kansas están creando mapas que detallan las deficiencias de nitrógeno en el suelo para ayudar a los agricultores a aplicar fertilizantes en las zonas más necesitadas.

En ámbitos académicos existe el convencimiento de que “los drones pueden revolucionar la agricultura, reduciendo la necesidad de pesticidas e incrementando la producción”.

Universidades y empresas tienen sus ojos puestos en septiembre del 2015, fecha en la que se espera que la Federal Aviation Administration establezca la regulación del uso de estos aparatos. Un pastel económico suculento que, según la AUVSi, “podría generar enormes beneficios en la economía estadounidense”.

De momento, y pese a sus potenciales beneficios, la FAA no se ha decidido a dar el paso de autorizar los drones para un uso comercial, principalmente porque teme que, aunque vuelan por debajo de los 400 pies -122 metros-, podrían interferir con el espacio aéreo nacional y causar complicaciones. Muchos Estados están tratando de aprobar leyes para lograr una moratoria que limite el uso de los drones mas allá del 2015, ante el temor de que estos aparatos puedan ser usados para propuestas menos inocentes que su uso comercial...

En España la situación no es muy diferente, y es que los drones NO pueden volar libremente o dónde quieran... La AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea) no permite volar sobre núcleos urbanos, a más de 300 pies y a menos de 8km de un aeropuerto. Para cualquier otro vuelo con drones, es necesario pedir permiso de vuelo con anterioridad y con eso suele ser suficiente (según nos puntualizan varios lectores en LinkedIN). Eso sí, hay que sacarse la licencia de VLOS y BVLOS, tener el examen práctico aprobado con la aeronave con la que vayas a trabajar y registrar la empresa como operadora en la AESA.

Con información de:
Todrone - http://www.todrone.com/uso-drones-agricultura/
El País - http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2013/06/13/actualidad/1371137524_220135.html